Indudablemente hay una progesiva implantación de procesos que mejoran el rendimiento de la construcción, buscando la forma de abaratar costos, pero no resulta fácil encontrar un sustituto rentable del método tradicional. Lo más obvio es sustituir el pequeño ladrillo pos superficies ligeras de gran tamaño, que compensen con el espacio que cubren, la mayor complejidad en su manejo.
De todos los materiales ensayados hasta el momento, parece que el más práctico es el Pladur que comienza a sustituir la tabiquería tradicional, pero que, aunque consigue mejorar los tiempos de producción, encuentra un rechazo en el cliente final, pues considera que comparado con los tabiques tradicionales, aíslan poco del ruido y sobre todo no aguantan el peso de muebles colgados, lo que obliga a utilizar complicados sistemas de fijación, a la hora de colocar en la pared un gran espejo o una estantería.
El uso del Pladur ya se considera normal en la tabiquería de oficinas y negocios, pues su ventaja es sobre todo la versatilidad que permite a la hora de modificar la distribución del espacio, pero no lo es tanto en viviendas, pese a que poco a poco, va consiguiendo introducirse y hoy ya lo encontramos con cierta frecuencia incluso en construcciones consideradas de lujo.
Según Placadis, la utilización de Pladur no es más que una mejora en la forma de edificar tradicional, donde cada edificio es un elemento tratado artesanalmente como si fuera único, aunque se vayan a construir repetidas veces en una barriada.